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CFO

El CFO y la gestión del riesgo

July 10, 2023

El riesgo es inevitable y no deja de ser la probabilidad de que una amenaza se convierta en un daño, siniestro o pérdida. Afecta nuestro futuro y nos guste o no, siempre alguna de las diferentes contingencias que podemos llegar a conocer (o no), terminan por suceder.

Es por esto que la posibilidad de que un evento pueda afectar de forma adversa a la organización, implica cambio y, por lo tanto, la toma de decisiones con el fin de que se puedan adoptar las medidas preventivas necesarias, que permitan mitigar sus efectos. 

Y es aquí donde “entra en acción” el CFO, puesto que el conocimiento que posee sobre las variables claves del negocio y de cómo se interrelacionan entre sí, le permiten asumir el rol de liderazgo de la gestión de los riesgos, tanto internos como externos a la compañía.

Si bien esta responsabilidad, una de las más representativas de su función, se suele asociar exclusivamente a los de carácter financieros, esto es algo que ha cambiado en la actualidad, debido a dos aspectos claves, como ser la redefinición del rol del CFO, al asumir funciones de carácter mucho más estratégicas que en el pasado y lo mismo, a la aparición de nuevas tipologías de riesgos.

La aparición de nuevas tipologías de riesgos 

Sobre este último aspecto, nos referimos a por ejemplo, los de carácter sanitarios, como ha sido el “imprevisible” COVID, a los relacionados con los avances tecnológicos (ciberseguridad & fraude), o bien al impacto en la aplicación de los criterios ESG (factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo).

Un aspecto que resulta clave en la gestión de los riesgos y que debe de ser asumido por parte del CFO, es el de lograr la involucración directa del resto de áreas de la organización, ya que de esta forma se obtiene la máxima eficacia posible. En otras palabras, no hablamos de una tarea que pueda y deba de ser centralizada, sino que la totalidad de la compañía debe de estar involucrada en la misma.

La definición del “Plan de Actuación”

Es por esto que se hace necesario (e imprescindible) el poder definir un “Plan de Actuación” por parte del CFO, en lo que a gestión de los riegos se refiere, donde se identifiquen las fases a seguir, con el objetivo de poder mitigar la ocurrencia y el impacto de los mismos, para lo cual se debe de considerar, el siguiente esquema: 

1.- Identificación y evaluación: el conocimiento con el que cuenta el CFO sobre las variables principales del negocio, facilita el identificar los principales riesgos (internos y externos) a los que se enfrenta la organización, realizando estimaciones sobre la probabilidad de su ocurrencia, como así también sobre el impacto que estos pudiesen llegar a tener en caso de materializarse. 

2.- Diseño de las estrategias para su gestión: una vez que se han identificado y se dispone de una primera evaluación, el CFO dependiendo de forma particular de cada uno de los riesgos y de su naturaleza, debe de proceder al diseño de la mejor estrategia a seguir, ante la ocurrencia de alguno de ellos.

3.- Seguimiento y supervisión: la gestión de los riesgos debe de entenderse como un proceso dinámico y permanente en el tiempo, ya que en cualquier momento pueden surgir nuevos “cisnes negros” que afecten al negocio. De ahí la necesidad de establecer mecanismos de control, con el fin de validar las estrategias implantadas y realizar los ajustes que resulten necesarios. Definir los KPIs más representativos de los potenciales riesgos resulta de gran utilidad en esta parte del proceso. 

4.- Comunicación: otra de las funciones a efectuar por parte del CFO, es la de transmitir de forma transparente hacia los accionistas, inversores y demás stakeholders, sobre cuáles han sido los principales riesgos identificados, sus posibles impactos y las acciones que se han establecido con el fin de minimizar los potenciales daños, fortaleciendo así, la confianza y credibilidad de la compañía.

La proactividad, clave para una buena gestión de los riesgos

A la vez, una gestión de estas características, implica que el CFO adopte un enfoque de tipo proactivo, con la intención de poder anticiparse a que una contingencia se convierta en realidad, ya que no es suficiente el actuar de forma reactiva, debido a que en la mayoría de los casos, se limita el margen de acción y los “costes” a asumir, tienden a ser mayores.

En resumen, la gestión de todo este “tsunami” de incertidumbre, volatilidad y riesgos, no deja de ser una de las funciones principales a realizar por parte del CFO, donde su conocimiento integral sobre el negocio y el disponer de información sobre la evolución del mismo y de su entorno, le brinda una “ventaja competitiva” que lo distingue del resto y le permite ser la persona indicada para llevar a cabo estas funciones. 

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